BENEDICTO XVI, EL PAPA QUE SORPRENDIÓ AL MUNDO

 



Josef Ratzinger nunca aspiró a ser Sumo Pontífice, quería retirarse a su Alemania natal, pero parece que se hizo vida aquello de “el hombre propone y Dios dispone”. Parece que sus hermanos los cardenales no le tomaron en cuenta su deseo y el 19 de abril de 2005 fue elegido Papa y escogió el nombre de Benedicto XVI. El que antes fuera el máximo responsable del dicasterio de Doctrina de la Fe se convertía en el máximo responsable de la Iglesia Católica.

Su pontificado no fue un camino de rosas y tuvo que afrontar problemas de profundo calado, como atajar la pedofilia en el seno de la Iglesia o el escándalo que se  llegó a denominar “Vatileaks”. Fue traicionado por uno de sus mayordomos que robó documentos sensibles y luego se difundieron.

Su estado de salud ya de por sí frágil se iba quebrando. Llevar el peso de la Iglesia no debe ser nada fácil.

Un gran teólogo fue Ratzinger, asesor en el Concilio Vaticano II, un hombre profundo, nadie esperaba lo que el 11 de febrero del 2013 de febrero iba a anunciar. Pocos sabían de su intención de dejar de ser Sumo Pontífice. Pilló a todos con el paso cambiado. Un acto que se suponía era para anunciar unas beatificaciones y unas canonizaciones, fue el anuncio de su renuncia con unas pocas palabras, que supusieron un terremoto para la Iglesia: "Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino".

Hacía siglos que no se daba un hecho así. Su renuncia se hizo efectiva el 28 de febrero del 2013. Mucho se elucubró sobre el motivo de esa histórica decisión, pero quien realmente lo sabe y se ha ido con ello a la tumba es el propio Benedicto XVI. Han sido cerca de diez años de oración, lectura y silencio en un monasterio dentro de El Vaticano. Tiempo de preparación al viaje definitivo -como expresó en más de alguna ocasión -. Pocas veces se le vio en público, como había anunciado antes de eso el 28 de febrero. El Papa Francisco a lo largo de estos años le ha visitado en varias ocasiones, notándose una buena sintonía entre ambos.

Fue Francisco en una de sus locuciones públicas que pidió que se rezara por Benedicto XVI, pues su estado de salud se había agravado.

El pasado 31 de diciembre del 2022, Benedicto XVI cruzaba el umbral de la esperanza en Cristo.

En su testamento espiritual se puede leer

“Pido humildemente: rezad por mí, para que el Señor, a pesar de todos mis pecados e insuficiencias, me reciba en las moradas eternas…De corazón doy gracias a Dios por los muchos amigos, hombres y mujeres, que siempre ha puesto a mi lado; por los colaboradores en todas las etapas de mi camino; por los profesores y alumnos que me ha dado. Con gratitud los encomiendo a Su bondad. A todos aquellos a los que he hecho daño de alguna manera, les pido perdón de todo corazón”.

Fue un Papa que sorprendió al mundo con una decisión que dice mucho y bien de él.

 

Alberto López Escuer

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