PACO SANTOS: “EL CARISMA DE DON BOSCO, COMO TODO CARISMA, ES UN DON DE DIOS A LA IGLESIA”
Para celebrar el 31 de enero fiesta de San Juan Bosco, entrevistamos a Paco Santos salesiano y director de los Salesianos de Guadalajara, un hombre que representa todas las virtudes del carisma de los hijos de Don Bosco. Con Paco hablamos de su vocación a los retos a los que se enfrenta la Congregación Salesiana entre otros temas.
¿Cuándo tuviste claro que tu vocación era la de ser salesiano?
El momento en que escribes la carta de admisión a la primera profesión en el noviciado, allá por el mes de mayo, después de un curso entero dedicado exclusivamente a preparar ese momento, es cuando tienes claro lo que solicitas. Pero la decisión no la tomas tú. Es una experiencia grande de libertad. Libremente pido ser admitido. Después de años de discernimiento, dudas, aclaraciones, convicciones, renovación de motivaciones… llega el momento de entregar la carta. Pero, hasta que no obtienes la respuesta, no queda confirmada la decisión. Se confirma la intuición, el deseo, la orientación de la vida. “Yo te acojo – dice el superior que hace las veces del rector mayor de la congregación – entre los salesianos de Don Bosco”. En ese momento se tiene claro que este es mi sitio, el que Dios me ha buscado. Y empieza el camino a su lado.
¿Qué es lo que más te atrajo de los Salesianos?
El carisma salesiano me ha atraído progresivamente. Imagino que es como un enamoramiento. Vas conociendo más y más, y más te gusta lo que conoces. Empecé por el sacerdocio. Saber que los salesianos eran también sacerdotes, pero no párrocos, sino que se dedicaban a más cosas, me dejó las manos libres y el corazón lleno. Después, la misión con preferencia por los jóvenes, y de estos los más necesitados. Finalmente, la experiencia de comunidad, de fraternidad, de misión compartida y completado con el carácter multicultural, internacional y misionero. Creo que ese ha sido el itinerario de enamoramiento vocacional salesiano en mi caso.
¿Qué recuerdas del día de tu ordenación sacerdotal?
Recuerdo ante todo la paz de saber que no me pertenezco más, y que estoy totalmente en las manos de Dios para ser como Jesús. Sentí de veras el yugo suave y la carga ligera sabiendo que Dios nunca me iba a dejar, ni siquiera en el posible caso de que yo le dejara. “¿Quieres unirte más estrechamente a Cristo…?” – “Sí, con la gracia de Dios”. Fue tomar conciencia de una indignidad que aún recuerdo cada vez que celebro la eucaristía o los sacramentos. No somos dignos, pero “Tú, Señor, nos haces dignos de servirte en tu presencia" Es Cristo que habita en mí, y yo sólo puedo decrecer para que Él crezca en mí. Eso me ha acompañado toda la vida. Con la gracia de Dios. Toda la celebración me hablaba y me habla de lo mismo. Dios sabe, Dios quiere, Dios me lo da. Yo acepto, no soy digno, me fio de Él. “… imita lo que tendrás en tus manos y configura toda tu vida con el misterio de la cruz del Señor.”
Los dos últimos Papas han sido religiosos Francisco, jesuita y León XIV, agustino ¿Cómo interpretas este hecho?
Las lecturas que se pueden hacer de esto son diversas. No es la primera vez en la historia de la Iglesia que los religiosos llegan a ser papas. En este caso, tan continuo sí creo que haya un signo profético que no todos deban interpretar del mismo modo. A mi modo de ver, significa una vitalidad espiritual grande de los gigantes de la historia de la Iglesia, que han fundado órdenes religiosas que han contribuido al bien de la Iglesia: la compañía de Jesús, y, antes, siguiendo el ejemplo y carisma de Agustín sus seguidores quisieron mantener su modo de seguir a Cristo. Todo esto habla de fecundidad y de amor a Cristo con formas de vida que sólo el Espíritu Santo puede suscitar. De algún modo, la Iglesia, experta en humanidad, a su debido tiempo reconoce este “servicio” y amor hacia ella con este reconocimiento. Tal vez, también, y esto es para mí un deseo, un reclamo a volver, no de forma involucionista, sino auténtica a los orígenes, al primer amor, a aquella entrega que te hace ser “compañero” de Jesús, y “en el Uno, uno”, comunión con Cristo y la Iglesia.
¿Qué aporta el carisma de San Juan Bosco a la iglesia?
El carisma de Don Bosco, como todo carisma, es un don de Dios a la Iglesia y a aquellos a los que llama a vivir con su estilo el seguimiento de Cristo, poniendo al centro a aquellos a los que el mismo Jesús puso: un niño, mostrándonos un camino sencillo, humilde pero también fiable y directo para llegar a Dios: la sencillez y humildad de los niños, haciendo de ellos, los jóvenes, la porción más delicada de la sociedad, el centro de nuestra atención pastoral. Es muy significativo que el carisma salesiano se asocie con la alegría, la bondad, el amor. Sin rehuir la entrega total, generosa y confiada en la providencia. Eso aporta Don Bosco y eso se nos pide a los salesianos en la Iglesia: “ser signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes”.
¿A qué retos se enfrentan los salesianos?
Los retos que se nos presentan en la actualidad para vivir el carisma salesiano no dejan de ser ocasión de mostrar creatividad, flexibilidad, adaptabilidad y sobre todo confianza en que Dios no deja de acompañar a aquellos que deciden quedarse a su lado en el Misterio de la Cruz. Ha pasado y pasará siempre. Cada época, cada momento histórico lastra los pecados del pasado, y de eso tenemos bastante en estos tiempos, pero también ofrece la experiencia rica de un Espíritu Santo que provee de aquello que en cada momento se necesita para que su Iglesia no deje nunca de ser reflejo de la luz de Cristo en los momentos oscuros de la historia. Hoy siguen siendo los jóvenes en búsqueda de sentido para sus vidas, en tantas modalidades nuestro mayor desafío.
¿Como ves a los jóvenes actuales respecto a la fe?
Los jóvenes actuales tienen mucho en común, pero también mucho de diverso, y esa es una gran riqueza la diversidad de modelos que tienen y de referentes que se les ofrecen para llevar una vida acorde con sus propias convicciones. No creo que los jóvenes de hoy sean ni mucho menos peores que los de otras épocas. Los jóvenes de hoy, como los de siempre, son maravillosos. Hoy no tienen prejuicios ni con respecto a la fe ni con respecto a las ideas de los que les precedieron. Quieren ser protagonistas de sus vidas y al mismo tiempo comprometidos con un mundo y una sociedad que ha de mejorar muchas cosas. Tenemos que reconocer que no hemos sido capaces de dejar una buena herencia con todo lo que pasa en este mundo. Aun así, los jóvenes tienen derecho a construir un futuro en el que se sientan felices. Y ciertamente esa felicidad, de un modo u otro, la encuentran dentro de su corazón como proyecto e ideal antes que en las realizaciones humanas. Es un primer paso, que todos pueden experimentar, para trascender e ir más allá de lo histórico y material de la vida.
¿De qué manera podemos ser signo y portadores del amor de Dios?
Me lo pregunto cada día de modo concreto en cada encuentro con los destinatarios y las personas que Dios me pone en el camino. Ser aquello que Dios espera de cada uno es el modo. Somos personas que viven en relación, somos hombres de relaciones. Pues haciendo que nuestras relaciones sirvan para que cada persona se sienta mejor, viva mejor, sea feliz, ayudando a que cada uno viva plenamente todas sus capacidades, favoreciendo el encuentro con Jesús a aquellos que lo buscan y compartiendo la propia experiencia de amistad y de encuentro con Dios, pienso es la forma de transmitir aquello que hemos recibido. Ayudar a otros a llegar a Dios, compartiendo los momentos importantes de la vida y también los que aparentemente son menos relevantes o incluso negativos. Compartir vida es testimoniar que vale la pena vivir en la presencia de Quien sabemos que nos ama.
¿Qué te hace sonreír?
He aprendido a sonreír de distintos modos y por diversos motivos. La ternura me hace sonreír en el corazón, la alegría y la felicidad de los que me rodean y quiero me hace sonreír el alma. Pero quizás la sonrisa más frecuente, la más sencilla, la que me sabe a caricia es el sentimiento de gratitud que experimento ante todo el bien que recibo de tantas personas, hermanos, compañeros, alumnos, amigos, familiares, y Dios.
¿Con qué sueñas Paco?
Si por sueño entendiese algo personal que no he podido realizar aún, creo que no tengo. He vivido tantas experiencias, he disfrutado tanto en esta vida, he sentido tanto amor, bondad y belleza en lo vivido que no me quedan sueños personales por realizar. Mi vida es plena y está cumplida. Así lo siento. Sin embargo, si sueño con lo que puedo mejorar en mí, en mi entorno, en los demás, en la sociedad, en la vida de las personas, en el mundo… los sueños se acumulan. Sueño, como deseo que quisiera verse cumplir, con que todo el mundo pueda llegar a entenderse. Ese sería el mejor sueño para el mundo, en mi opinión, la realización del “milagro” de la comunicación entre todos que llegue a resolver los conflictos. Sueño, confío en un futuro próximo donde el valor de la comunicación entre las personas y la comprensión entre todos, lleve a proyectos comunes de bien, de desarrollo, de justicia y paz estable en todos los rincones del mundo porque se impone una razón amable, tolerante, comprensiva, misericordiosa. En definitiva, sueño con que aprendamos a vernos unos a otros en el mundo y en la sociedad como nos ve Dios a todos sus hijos.
Entrevista: Alberto López Escuer





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