SEMBRANDO AMOR
Hace poco recibí una postal de una amiga salesiana de Valencia. Una fotografía con una frase llena de sentido y de profundidad: “por dónde pasa el agua siembra vida, por dónde tú pases siembra el amor”. Es una de esas frases que tendríamos que hacer pasar de las palabras al hecho, si no quedará como una frase vacía y muy bonita, pero nada
más.
Qué diferente sería nuestra vida, y la de los que nos rodean si por dónde pasáramos sembráramos amor en las mil formas en las que se puede hacer. En la
humanidad no habría guerras, ni tensiones, ni ningún tipo de violencia. El diccionario habría detenido a la balas-parafraseando a Joaquín Sabina-.
Todo sería distinto, para el amor siempre tiene que haber
tiempo, un tiempo sosegado, de encuentro, de diálogo, de intercambio, como el agua da vida, el amor
también la da y el
desamor la quita. El amor tendría que ser el
motor que moviera a la humanidad. Un amor generoso que impregnara nuestra vida
y la de los demás.
Tendríamos que saber ser signos y portadores del amor allí dónde estemos. Que a nuestro alrededor florezcan
espacios de amor, de fraternidad, lugares comunes dónde el encuentro sea verdadero. Que seamos como el
agua que cuando pasa por un terreno reseco le da vida y sacia su sed, revitalizándola y de ella surgen los mejores frutos. Del amor
salen los mejores frutos.
Que cómo dice la
postal que me mandó mi amiga María Dolores, que por dónde pasemos sembremos el amor, tarea no exenta de riesgos y de
dificultades, pero es una de tarea preciosa. Vale la pena intentarlo cada día,
en cada instante de nuestras vidas. Que el amor que trasmitamos sea como el de
las ondas en el agua, que cada vez se
hagan más grandes y lleguen lo más lejos posible.
Alberto López Escuer.


Comentarios
Publicar un comentario