A MIS CINCUENTA Y OCHO

 

 


El tiempo vuela y de qué manera, con él la vida, el que suscribe, hoy, cumple  cincuenta y ocho primaveras. Una cifra que lo acerca a la jubilación, aunque aún queda para ese acontecimiento.

Una vida donde ha habido de todo, tiempos buenos, malos y peores.

Me he cruzado en la vida con personas maravillosas otras de cuyo nombre no quiero acordarme, verdaderamente malas, que han intentado hacerme daño, algunas lo han conseguido pero he logrado levantarme.

También he enterrado a personas queridas, primero fue mi abuela Marcelina, después mis padres, mi hermana  y últimamente dos primos  hermanos más o menos de mi edad. La muerte nunca se sabe cuándo viene, pero sí que está presente y llegará cuando tenga que llegar, ni antes ni después.

Doy gracias a Dios por mi vida, he cometido errores, ha tocado pedir perdón como corresponde.

He sido padre -de mi hija Paula ya he escrito varias veces -.

Ahora a mis cincuenta y ocho toca seguir mirando hacia adelante, aquel 8 de abril de 1968 comencé esta andadura por esta vida, un mes antes de un mes de mayo muy famoso en la historia, nací en la época de un dictador y he ido creciendo con la democracia.

He conocido a varios presidentes del gobierno de un color y de otro, a dos Reyes, Felipe VI nació el mismo año que yo no vamos a comparar nuestras vidas pues sin duda él lo ha tenido mucho más fácil – cosas de tener la sangre azul.

Cosas de la vida, mi hermano también nació un 8 de abril pero de 1952 y en ese mismo día pero de 1996 fallecía mi padre.

Hoy es motivo para celebrar la vida, la vivida y la que me queda que ojalá sean muchos años, pues no tengo prisa en dejar este mundo-.

Celebrar la vida con mis seres queridos, sonreír por lo caminado, agradecer  lo aprendido en esta senda plural que es la vida, en este más de medio siglo casi rozo los sesenta que ha sido mucho y bueno, lo malo lo dejo en un cajón cerrado con siete llaves, tirando la llave al fondo del mar matarile rile rile.

Muchas personas han sido mis referentes en los diferentes campos y fases de mi vida, aunque como mis padres ninguna.

Julián y Benita son un espejo en el que me miro, su recuerdo me acompaña siempre.

Brindo por mis cincuenta y ocho años.

 Alberto López Escuer

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