Una carta para Miguel y William




Queridos Miguel y William:


Gracias por hacerme amar la literatura! es de bien nacidos ser agradecidos, cuánto les debo a ustedes de mi afición a la lectura y al teatro. Hoy están de efemérides cuatrocientos años de su nacimiento al cielo. Todos los honores que se les hagan son pocos. Ustedes, Miguel de Cervantes y William Shakespeare, trascienden a países y épocas, han aportado grandes personajes e historias a la literatura universal.

Don Quijote sigue cabalgando junto a su fiel Sancho Panza, lucha contra molinos que él piensa que son gigantes, decirle don Miguel que su libro se ha convertido en una obra de culto y que junto a la Biblia es la obra más traducida. Pasé momentos maravillosos leyendo las venturas y desventuras de ese hidalgo manchego, o leyendo sus Entremeses, las Novelas ejemplaresHizo Miguel que me aficionara a la lectura, He adaptado algunos de los episodios del caballero de la Triste Figura al teatro, con el máximo de los respetos y admiración. Que han sido representadas en un lugar que por desgracia no le será desconocido y que no es otro que la cárcel, con entusiasmo han encarnado los personajes más conocidos de su obra universal.  

Y usted William permitió que me acercara a personajes como Romeo y Julieta, Otelo o Hamlet. Degusté con fruición cada una de sus obras de teatro e incluso a algunas de ellas me atreví –perdóneme la inconsciencia -a adaptarlas para ser representadas por un grupo de teatro de los salesianos y también interpreta a alguno de sus personajes. Muchos actores han soñado con meterse en la piel, por ejemplo de Hamlet y salir airosos del reto, pero no todos lo han conseguido, los personajes creados por usted son verdaderos gigantes de la literatura universal.

Hoy estamos de celebración y seguro que ustedes, mis queridos Miguel y William, lo celebran como mejor saben representado una de sus obras en los escenarios celestiales y se oirá aquello de En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…” O Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?...Muchas gracias son imprescindibles y necesarios en la historia de la literatura universal, sin ustedes no hubiera sido lo mismo.



Con afecto.

Alberto López Escuer


 

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