EL FÚTBOL FEMENINO, DEL OLVIDO A LOS GOYA -CUARTA PARTE Y ULTIMA-
Lara García Rodríguez: En España, el fútbol femenino ha demostrado su capacidad de llenar estadios y reunir grandes audiencias.
Lara García Rodríguez es la periodista que ha escrito el reportaje El fútbol femenino golea en gradas y audiencias cuestionando el tópico de que "no interesa". Con ella hablamos del pasado y del presente del Fútbol Femenino con una evolución clara en los últimos años, Lara también es consciente de los frenos que tiene todavía esta disciplina deportiva y del camino que queda por recorrer.
Diría que el foco social no apareció de repente, sino que se recuperó después de mucho tiempo invisibilizado. Hace más de un siglo que las mujeres jugaban al fútbol profesional: en Inglaterra, antes del veto, ya había partidos femeninos con decenas de miles de espectadores. Pero en 1921 la Federación Inglesa prohibió que se jugara en campos afiliados, al considerar que el fútbol era “inadecuado para las mujeres”: mantuvo el veto hasta comienzos de los años 70. Brasil también prohibió a las mujeres los deportes considerados “incompatibles con su naturaleza” hasta 1979. Más que una moda reciente lo que ha habido durante décadas son obstáculos institucionales, culturales y mediáticos. Pero durante las últimas décadas, en España y en el resto del mundo, el fenómeno se ha consolidado cuando han coincidido grandes torneos, éxitos deportivos, profesionalización y más visibilidad en medios. O lo que es lo mismo, mayor inversión publicitaria y económica en general.
¿Cuándo se dejará de comparar el fútbol femenino con el masculino?
Probablemente se dejará de comparar del todo cuando desaparezca el conflicto de fondo, sobre todo la desigualdad salarial entre hombres y mujeres en el fútbol profesional. Mientras esa brecha siga existiendo, la comparación va a seguir ahí. Y si sirve para señalar desigualdades y empujar mejoras reales, bienvenida sea.
Creo que hay varias claves que se han ido retroalimentando entre sí: más visibilidad mediática, mayor inversión económica, más profesionalización y el impacto de los grandes torneos. Cuando el fútbol femenino ha tenido mejores condiciones, más espacio en televisión y más apoyo institucional, también ha sido más fácil que el público se enganche. Al final, no era una cuestión de falta de interés, sino de falta de oportunidades y de apuesta sostenida.
Se valora, pero todavía queda recorrido. En España, el fútbol femenino ha demostrado su capacidad de llenar estadios y reunir grandes audiencias. En mi artículo recordaba, por ejemplo, que la Eurocopa femenina de 2025 superó el medio millón de espectadores presenciales en la fase final. También que la final fue una de las emisiones de fútbol femenino más vistas de la historia, con más de 6 millones de audiencia media y casi 6,5 millones en la tanda de penaltis.
Pero la disciplina todavía no ha tocado techo, y mientras España siga apostando por el fútbol femenino con más inversión, más visibilidad y mejores condiciones, seguirá creciendo y ganando el reconocimiento que aún le falta.
Súper Bowl. Que una jugadora del fútbol fuera una de las protagonistas de estos acontecimientos ¿Cuánto tiene que ver la once del Barça en el progreso del fútbol femenino en nuestro país?
El Barça ha sido clave porque ha convertido a sus jugadoras en referentes reconocibles más allá del deporte. Que Alexia Putellas entregara un premio en los Goya de 2026 no es un detalle menor, sino una señal de que las futbolistas ya forman parte de la conversación popular. Y eso tiene mucho que ver con el peso simbólico, deportivo y mediático que ha adquirido el Barça femenino en los últimos años, y con su capacidad para dar visibilidad a sus jugadoras. En ese sentido, el once del Barça ha sido decisivo para que el fútbol femenino en España deje de verse como algo periférico y empiece a ocupar un lugar central.
Se ha recorrido mucho, sobre todo en visibilidad, legitimidad y seguimiento público. Hoy el fútbol femenino llena estadios, genera audiencias y ocupa un espacio mediático que hace unos años era impensable. Pero queda bastante por hacer: consolidar mejores condiciones laborales, reducir la brecha salarial, aumentar la inversión y lograr que ese reconocimiento no dependa sólo de los grandes torneos o de momentos excepcionales, sino que sea estable.
Fue bastante incómodo y frustrante ver un logro histórico eclipsado por una situación así, pero no se pueden tolerar comportamientos de ese tipo, y menos en un momento que debía pertenecer a las jugadoras por sus logros en el campo.
El machismo actúa como un freno estructural para el fútbol femenino, limitando su desarrollo, visibilidad y recursos a pesar de los recientes avances y éxitos internacionales. Esta barrera se manifiesta tanto en la desigualdad de condiciones como en la persistencia de estereotipos. Y, muchas veces, a la disciplina practicada por mujeres, se le exige crecer al mismo ritmo que el fútbol masculino, sin haber contado con los mismos recursos: se invierte menos en estructura, salarios, promoción, categorías de base y visibilidad mediática. Mientras esa desigualdad de inversión y reconocimiento continúe, su desarrollo seguirá condicionado por barreras que van más allá del campo.
Después de escribir ese reportaje, veo un futuro con bastante potencial de mejora para el fútbol femenino, tanto en alcance como en inversión. Los datos ya cuestionan de forma bastante contundente el tópico de que “no interesa”: la Eurocopa femenina de 2025 superó los 657.000 espectadores presenciales en la fase final, y la final reunió a más de 6 millones de espectadores de media, con casi 6,5 millones en la tanda de penaltis.
También creo que conviene mirar este crecimiento con perspectiva histórica. Aunque hoy esté mucho más presente, el fútbol femenino sigue siendo una disciplina relativamente joven en términos de desarrollo profesional, sobre todo porque durante décadas fue frenada o directamente prohibida. En Inglaterra o Brasil, la prohibición se extendió hasta finales de los 70. Es decir, no estamos hablando de un deporte que haya podido crecer de forma continua en igualdad de condiciones, sino de una disciplina que todavía está recuperando el tiempo perdido.
Entrevista: Alberto López Escuer


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