CON HUESCA EN EL CORAZÓN
Volver a mis orígenes me produce una mezcla de sentimientos encontrados, pero bonitos. Recuerdo a los que no están aunque los tengo en mi corazón. Paseo por las calles que una vez fueron mis calles de la infancia y de la juventud. Reencuentros agradables con personas que formaron parte de mi pasado pero cuando las veo parece que no ha transcurrido el tiempo.
Casi nada es lo mismo, ha cambiado la ciudad, pero también por mí han pasado los años y no soy aquel chaval que jugaba a piratas en el río Isuela o paseaba por el Coso. La nostalgia me invade recordando tiempos que no volverán o patrias a las que no regresaré. La vida me llevó hace tiempo fuera de Huesca, he conocido lugares diferentes, otras culturas y ahora cuando regreso a Huesca me siento forastero en la ciudad que me vio nacer. Cuánto recuerdo esa frase de mi madre que hoy en mí cobra vida, “sentirse forastero en tu tierra” y eso es lo que me pasa cuando visito Huesca. No voy tanto como me gustaría, pero he de reconocer que cuando paseo por sus calles me invade la nostalgia y también la tristeza por los ausentes y eso he de reconocer me hace que no la visite tanto.
No puedo evitar emocionarme cuando paseo por el Parque y recuerdo los sustos que me daban los pavos reales cuando era niño o esperar que de la réplica de la Casa de los enanitos saliera Blancanieves, o recordar los sanlorenzos que pasé o los veranos en la Plaza de Luis López Allue, quedándome ensimismado en el escaparate de La Confianza – siempre me ha parecido una tienda con magia y encanto- o las tardes de cine en El Odeón, El Avenida o El Olimpia. O las actividades del CP Sandoma donde fui monitor, o las amistades que dejé en salesianos. El tiempo vuela y es un ladrón que nunca lo alcanzamos por mucho que queramos correr.
Sin renunciar a lo que soy -parafraseando la letra de “Mermelada de moras” de “La Ronda de Boltaña” -me he hecho pamplonés tengo una hija navarra y estoy muy integrado en Pamplona, pero cuando regreso a Huesca vuelvo a mis orígenes, unos orígenes llenos de buenos momentos. Aunque cualquier tiempo pasado fue anterior y esos tiempos no regresarán jamás, los guardo como un tesoro en el fondo de mi corazón, pues son una parte preciosa de mi vida.
Alberto López Escuer



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