NADIE PUEDE ARRODILLARSE ANTE EL SEÑOR Y DESPRECIAR AL HERMANO
Elijo esta frase del Papa León XIV dicha en su viaje a España para escribir la crónica del fin de curso de la Pastoral penitenciaria, pues se podría decir que es nuestro proyecto de vida. Los internos e internas son mucho más que su delito y tenemos que mirarlos sin juzgarlos, acompañándolos en su camino difícil de verse entre rejas donde muchas veces la soledad es muy intensa. Voluntarios y voluntarias tratan de ser Signos y portadores del amor de Dios con todos ellos no preguntando, escuchando y ayudando en la medida de lo posible.
El pasado 6 de junio nos reunimos para revisar este curso que termina. Lo primero fue celebrar una eucaristía, presidida por Javier Arbilla, capellán de la cárcel acompañado por Fernando Aranaz, diácono permanente y también capellán.
Fue un momento de poner sobre el altar todo el curso, estuvieron muy presentes los internos e internas que son nuestros destinatarios, una eucaristía llena de simbolismo, una muestra fue esa cruz que con sus manos hizo una interna que ya está en libertad, una cruz en agradecimiento, fue un detalle que nos llegó al corazón. Detalles como el que tuvo esta ex reclusa te esponjan el alma y animan a seguir adelante.
Tras la eucaristía nos dirijamos a una de las clases del seminario para comenzar la revisión del curso, analizando las fortalezas y las debilidades de las actividades realizadas para mejorar para el curso que viene.
La piedra angular de las labores que hace la Pastoral Penitenciaria es la eucaristía que se celebra de viernes a domingo en los distintos módulos del Centro Penitenciario. Son momentos de encuentro con el Señor, algunos asumen lo hecho otros están en camino, el Señor les acompaña en estos momentos difíciles. Una pequeña comunidad que vive la fe en común, como se hace en muchas parroquias o comunidades a lo largo y ancho del mundo, todos los fines de semana con los capellanes y los voluntarios.
Otras actividades son los talleres como el de lectura. revista, oración o teatro donde los internos e internas disfrutan de un espacio donde rezar o desarrollar su imaginación y pasar ratos agradables dejando los problemas a un lado por unas horas a las semana, son espacios de libertad donde el interno e interna se muestra como es. Siendo un lugar para el diálogo con la impronta del taller al que se han apuntado.
La revisión del curso que acaba fue fructífera, se sentaron las bases para el siguiente, durante el verano algunas actividades continuarán aunque a otro ritmo.
Tras la revisión la mañana concluyó con un ágape fraterno que sirvió para alimentar el cuerpo y desearnos un buen verano los unos a los otros.
Alberto López Escuer


Comentarios
Publicar un comentario