NI TU ERES NATALIA HERNÁNDEZ, NI YO SOY ALFREDO SANZOL
Uno ya lleva una trayectoria dirigiendo grupos y talleres de teatro, todos ellos de una manera voluntaria, procurando formarme para poderlos llevar con garantías.
Durante estos años, sobre todo los últimos veinte, me he visto con participantes de todos los colores, desde aquellos que son todo ilusión y a base de trabajo son capaces de interpretar con solvencia personajes de gran envergadura, a otros que tienen un don innato y consiguen hacer lo que parece difícil en fácil pero son humildes.
Pero también están los que te miran por encima del hombro creyéndose la ultima Coca Cola del desierto, a estos últimos van dedicadas estas líneas.
Personas que tienen un ego muy subido, que se creen más de lo que realmente son.
Y que habría que comprarlos por lo que valen y venderlos por lo que se creen que valen.
Van siempre con el currículum por delante, yo he estado en tal taller o en tal otro, como si en el que están valiera menos.
Alguna anécdota tengo con estos personajes, como aquel que llegando a una actuación me dijo dónde estaba su camerino, pensé que me lo decía en broma y le pregunte ¿Tú te llamas Antonio Banderas? Evidentemente contestó que no y entonces le indiqué que su sitio era con los demás actores del grupo.
Los que llevan años conmigo saben que no hago casting, siempre procuro dar los personajes protagonistas a quien intuyo que lo necesita más, por diversas causas. Es mi manera de trabajar así todos tienen la oportunidad de hacer un personaje protagonista, no somos profesionales, en ese nivel se mueven en otros parámetros que no son los nuestros.
En los talleres o grupos que dirijo lo importante es disfrutar y pasárselo bien en cada ensayo hasta llegar al estreno y hacerlo lo mejor posible, porque a todos nos gusta que las cosas salgan bien y es una gran satisfacción después de meses de trabajo.
Estas personas tienen en común que se creen más que los demás, cuando les das un personaje que no es el protagonista entonces no están de acuerdo y lo demuestran de diversas maneras, poniendo en duda la valía del director, con esto no quiero decir ni mucho menos que los actores no den su opinión, deben hacerlo- volviendo a recordarte su currículum sin entretenerse en saber el de los demás compañeros que le rodean incluido el director.
He de decir que este tipo de personas por suerte no son la mayoría.
Llegados a este punto les suelo decir una frase para ponernos cada uno en su sitio.
Tú no eres Natalia Hernández ni yo soy Alfredo Sanzol. Una gran actriz y un director referente en el mundo del teatro.
Alberto López Escuer



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