MONSEÑOR ATILANO RODRÍGUEZ MARTÍNEZ: “QUIERO SEGUIR SOÑANDO CON LA PAZ Y LA CONVIVENCIA FRATERNA”

 



Entrevistamos en “Viendo la vida pasar"a Monseñor Atilano Rodríguez Martínez, obispo emérito de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara, hablamos de su vida sacerdotal y como obispo, una entrevista que nos sumerge en la vocación, la eclesialidad, la sinolidad y el magisterio de un hombre que se puso en manos de Dios, siendo signo y portador del amor de Dios a su prójimo

  • ¿Cuándo tuvo la certeza que su vocación era la de ser sacerdote?

    Cuando entre en el Seminario Menor de Covadonga tenía 11 años. En aquel momento, existía en mí una inquietud por el sacerdocio, al constatar la alegría y el testimonio de mi párroco y de otros sacerdotes conocidos. Fue, sin embargo, durante los años posteriores de formación en el Seminario de Oviedo, cuando el Señor fue iluminando mi camino vocacional hasta el momento de darle una respuesta definitiva durante los estudios de filosofía.

  • ¿Quiénes fueron sus referentes?

    Sin duda, en el discernimiento vocacional, además de la oración y meditación diaria, influyó mi familia con su acompañamiento y cercanía. Pero, sobre todo, me han ayudado mucho los formadores, directores espirituales y compañeros de seminario. Su testimonio sacerdotal y sus orientaciones fueron definitivas en la decisión vocacional.

  • ¿Qué recuerda de sus primeros años de sacerdote?


Guardo un recuerdo imborrable de mis años de sacerdote, pero especialmente de los primeros años. En las parroquias rurales, que me confiaron, entre Pola de Allande y Grandas de Salime (Asturias), he gozado de la acogida y el cariño de la gente, y he podido constatar sus grandes sacrificios para sacar adelante la familia en el trabajo del campo. En general, era gente muy religiosa. No dudaban en recorrer kilómetros para participar en la misa dominical y, cuando yo me desplazaba a celebrar la santa Misa en las ermitas de los pueblos, siempre tenía el lleno asegurado.



  • ¿Qué sintió cuando fue nombrado obispo?

    El nombramiento de obispo me cogió totalmente de sorpresa. Nunca había pensado en la posibilidad de ser obispo y, por supuesto, no tenía mucha idea de la misión que el Señor me confiaba. Sin embargo, a pesar de mis escasas cualidades para la misión episcopal, tuve la posibilidad de aprender algo, con un gran maestro en el episcopado, como fue Don Gabino Díaz Merchán. Además de ordenarme sacerdote y obispo, tuvo la gran paciencia de aconsejarme y acompañarme, durante los seis primeros años, como obispo auxiliar de Oviedo. Durante estos años, he contado también con el cariño y comprensión de los sacerdotes y religiosos, así como con la paciencia y caridad de los asturianos.

  • ¿Cuál ha sido su mejor momento ejerciendo su magisterio? ¿Y el peor?

    Durante los años de ejercicio del ministerio episcopal, han sido muchos los momentos de alegría y de gozo, especialmente en los encuentros con los sacerdotes y con las comunidades cristianas en la visita pastoral, en las reuniones pastorales o en la celebración del sacramento de la confirmación. Los peores momentos, sin duda, han sido aquellos, en los que he tenido que acompañar a familias o a pueblos enteros con motivo de accidentes o sufrimientos, de distinto tipo, con pérdida de vidas humanas, en general, muy jóvenes.

  • Ahora es obispo emérito ¿Cómo es un dia en su vida?

    En la actualidad, como obispo emérito, estoy viviendo en un pueblo de la provincia de Guadalajara, Buenafuente del Sistal, con otros tres sacerdotes y un grupo de amigos seglares. Este pueblo es como un centro de espiritualidad, al que acude gente de toda España, buscando silencio y oración. Además de la atención pastoral a unas cuantas parroquias de la zona rural y de alguna tanda de ejercicios espirituales, los sacerdotes cuidamos también el Monasterio de monjas cistercienses de Buenafuente, que es un referente espiritual, con sus celebraciones litúrgicas, para los habitantes de la zona y para quienes sienten la necesidad de encontrarse o reencontrarse con Dios.

  • ¿A que retos piensa que se enfrenta la Iglesia?

    La Iglesia tiene el gran reto de responder a la llamada del Señor para dar un nuevo impulso a la evangelización o a la nueva evangelización, desde una profunda actitud de conversión a Dios y a la nueva realidad social y cultural, en la que ha de llevar a cabo su misión. Las orientaciones de la Conferencia Episcopal sobre la iniciación cristiana y, por supuesto, las del Santo Padre, sobre la comunión eclesial y la sinodalidad, considero que son caminos de obligado cumplimiento para todos los cristianos en los próximos años.

  • ¿Cómo vivió la elección como papa de Robert Prevost?

    La elección del papa León XIV la he vivido con mucha paz y oración. Estoy convencido de que el Espíritu Santo es quien guía y acompaña la misión de la Iglesia y, por tanto, también la elección del Sucesor de Pedro. Esta fidelidad al Espíritu está ofreciendo a toda la Iglesia el testimonio de unos Papas extraordinarios, con carismas y temperamento distintos, pero con un profundo amor a Jesucristo y a la Iglesia, con una inquietud por la evangelización y con un profundo testimonio de amor a los pobres y a los marginados de la sociedad.

  • ¿Cuáles son los pilares fundamentales que sostienen el papado de León XIV?

    Desde el primer momento de su pontificado, el papa León XIV nos recordó la urgencia y la necesidad de acoger la paz de Dios en nuestros corazones y en la convivencia social para poder establecer relaciones fraternas entre las personas y para la defensa de la dignidad humana. En sus catequesis y en las intervenciones públicas, vemos un hombre valiente y profundamente humilde, amigo de los pobres, de los emigrantes y sincero defensor de la vida humana. Desde el punto de vista eclesial y pastoral, yo destacaría la importancia que está dando a la vivencia de la comunión eclesial, al impulso de la sinodalidad, a la profundización en la identidad cristiana y en la experiencia espiritual como puntos de partida para el impulso de la misión evangelizadora de la Iglesia.

  • ¿Con que sueña Atilano?

Quiero seguir soñando con la paz y con la convivencia fraterna. Algún día las personas y los gobiernos de las naciones, llegaremos a descubrir que la violencia y las guerras no son la solución para los conflictos. Al mismo tiempo, sueño también con la necesidad de promover y vivir la fraternidad y la solidaridad entre las personas y las naciones, como camino para la superación del hambre y de la miseria en el mundo. Nos sobran alimentos y, sin embargo, siguen muriendo millones de personas de hambre.





Entrevista: Alberto López Escuer


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