GRACIELA HUESCA ANDREU: “PARA MÍ PRODUCIR ES CONVERTIR UNA IDEA EN REALIDAD”




Graciela Huesca es productora, un trabajo que es el gran desconocido para el publico que va a ver un espectáculo, en esta entrevista nos acerca a su trabajo, una manera de conocerlo mejor y de primera mano.


¿Las productoras son las grandes desconocidas de las artes escénicas?

Cuando el público ve un espectáculo identifica a los actores, al director, al autor… pero pocas veces sabe quién está detrás haciendo posible que ese proyecto llegue al escenario.

La productora está desde mucho antes de que se levante el telón y continúa cuando termina la función. Es quien pone en marcha el proyecto, busca la financiación, reúne al equipo artístico y técnico, gestiona derechos, contratos, presupuestos, ensayos, teatros, gira…

Para que dos horas de teatro sucedan cada noche, hay meses, años, de trabajo detrás.


¿En que consiste vuestro trabajo?

Para mí producir es convertir una idea en una realidad.

Todo empieza por una obra en la que crees. A partir de ahí tienes que conseguir los derechos, encontrar al director adecuado, construir un equipo artístico y técnico, hacer un presupuesto, buscar financiación y coproductores, hablar con teatros, organizar los ensayos y conseguir que finalmente el espectáculo se estrene y tenga una vida lo más larga posible.

Pero nuestro trabajo no termina con el estreno. Hay que vender el espectáculo, organizar la gira, coordinar viajes, alojamientos, contratos, nóminas, facturación, comunicación, subvenciones… Hay una parte artística y otra empresarial que tienen que convivir permanentemente.

Y luego hay algo que para mí es fundamental: acompañar. Acompañar a un proyecto y a las personas que lo hacen durante todo el proceso. Una productora no debería limitarse a cuadrar números; también tiene que crear las condiciones para que el trabajo artístico pueda crecer.


¿Qué te llevo a fundar una productora?


Fundamentalmente, las ganas de hacer los proyectos en los que realmente creíamos, somos tres socias.

Nos interesaba poder elegir los textos, los equipos y las historias que queríamos llevar a escena. Crear una productora te da esa libertad, aunque esa libertad venga acompañada de muchísima responsabilidad y riesgo.

Siempre he entendido el teatro como una mezcla de vocación y oficio. Hay que enamorarse de los proyectos, porque si no es muy difícil sostener todo lo que viene después. Pero también hay que tener los pies en la tierra: hacer presupuestos, negociar, buscar financiación, vender funciones y conseguir que la estructura sea viable.

Al final fundar una productora fue una manera de decir: estas son las historias que quiero contar y voy a intentar encontrar la forma de hacerlas posibles.


¿Como es un día en tu vida?


No hay dos días iguales.

Puedo empezar la mañana revisando un presupuesto o una subvención, seguir negociando una fecha con un teatro, hablar con un representante, resolver un problema de una gira y, una hora después, estar en un ensayo hablando de una escena.

Hay días de oficina, días de ensayo, días de viajes, estrenos, reuniones con programadores, llamadas, contratos, facturas… y muchos imprevistos.

Probablemente una de las características de este trabajo es que tienes que cambiar continuamente de registro: pasar de hablar de una decisión artística a discutir un presupuesto.

Producir teatro es solucionar problemas antes de que lleguen al escenario. Si el público entra en la sala, se sienta y durante dos horas solo piensa en la historia que le estamos contando, significa que todo ese trabajo invisible ha funcionado.



¿Quiénes han sido tus referentes?

Sin duda, mi familia. Yo vengo de una familia de teatro, así que mis primeros referentes los he tenido muy cerca.

He crecido viendo el teatro no solamente desde el escenario, sino también desde todo lo que ocurre detrás: el esfuerzo, los viajes, los ensayos, la incertidumbre, el compromiso y esa forma tan particular de vida que tiene esta profesión.

De mi familia aprendí que el teatro es una profesión, pero también es una forma de entender la vida. Hay que tener pasión, por supuesto, pero también muchísimo oficio, constancia y capacidad para levantarse cuando las cosas no salen como esperabas.

Después, a lo largo de mi carrera, he tenido otros referentes y he aprendido de directores, actores, autores, creativos, técnicos, productores y programadores. Pero si tengo que decir de dónde viene todo, viene de casa.

¿Que tiene que tener un espectáculo para que decidas producirlo?


Lo primero es que me emocione. Necesito leer un texto o descubrir una historia y sentir inmediatamente que quiero verla encima de un escenario. Si a mí no me provoca algo, es muy difícil que pueda dedicarle después dos o tres años de mi vida.

También busco que tenga algo que contar. Me interesan especialmente las historias que, aunque estén escritas hace años, dialogan con el presente y nos permiten hablar de quiénes somos y de la sociedad en la que vivimos. Me gusta que el espectador salga del teatro con algo dentro, con una emoción, una pregunta o incluso una cierta incomodidad.

Producir un espectáculo significa convivir con él durante mucho tiempo y superar bastantes dificultades. Por eso, cuando decido producir algo, necesito sentir que merece la pena pelear por que exista.


¿Tu mejor momento profesional?

Es difícil elegir un único momento. Los estrenos son muy especiales porque ves materializado algo que empezó mucho tiempo atrás con una conversación, una lectura o una intuición. Y cuando ves un teatro lleno y notas que el espectáculo llega al público, piensas: ha merecido la pena.


¿Y el peor?

Cuando un proyecto en el que has puesto muchísimo no funciona como esperabas, cuando tienes que renunciar a algo en lo que creías o cuando las circunstancias económicas se imponen a las artísticas.

¿Piensas que en nuestro pais se cuida la cultura?


No como se merece.

En España tenemos una riqueza cultural extraordinaria, grandes autores, intérpretes, directores, técnicos y creadores, y una red de teatros magnífica. Pero muchas veces seguimos tratando la cultura como algo accesorio y no como algo esencial.

La cultura también es una industria. Genera empleo, actividad económica y riqueza, pero también construye pensamiento, memoria e identidad.

La cultura no es un lujo, la cultura forma parte de lo que somos como sociedad y una sociedad sin cultura sería inevitablemente más pobre.


¿Qué te hace sonreír?


Profesionalmente me hace feliz sentir la emoción del público.


¿ Con que sueñas Graciela?

Sueño con seguir haciendo teatro, con seguir trabajando con gente a la que admiro y descubrir a otras personas con las que todavía no me he cruzado.

Pero, sobre todo con seguir disfrutando de lo que hago sin perder la curiosidad, las ganas ni la capacidad de emocionarme.


Entrevista; Alberto López Escuer 




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